Cogiendo con el Conde
Lo conocí por primera vez un día que me invitó a su casa en plena pandemia, por ahí de septiembre. Su vato se había ido de la ciudad y él se había quedado con el depa solo, así que aprovechamos para portarnos mal. Me contactó por Twitter, pero me confesó que me seguía desde mucho antes, y que me tenía un chorro de ganas. Cuando me mandó sus fotos yo también comencé a morirme de ganas de conocerlo. Ni le pregunté su rol, ni su estatura, es de esos weyes que con ver sus fotos y sentir su vibra, ya sé que cogeremos riquísimo. Y así fue.
Apenas llegamos al estudio, donde había un sofá, una tele, cama y una mesa con agua, mota y botanas, y ya nos estábamos besando y fajoneando bien denso. Metí las manos por debajo de su playera: una piel suave y elástica que me hizo estremecerme en cuanto la sentí. No lo pude evitar y mis manos descendieron en picada hasta sus nalgas. Mis dedos acariciaban su ano, suave y caliente, mientras mi lengua y la suya se entrelazaban desde todos los ángulos posibles. Levanté su playera y chupé sus pezones, uno de ellos perforado. Su torso peludo me puso más caliente de lo que ya estaba. Me hinqué y le di la vuelta, traía puesto un suspensorio, así que solo tuve que meter mi cara entre sus nalgas y empezar a chupar.
¡Qué delicia de ano! Seguro los activos sabrán que cada ano tiene un sabor único y particular. Por eso es tan rico chupar distintos, de muchas variedades, colores, tamaños, texturas. En la variedad está el placer. Y el ano del Conde, uff, es un verdadero manjar. No me cansaba de sentirlo y acariciarlo con mi lengua, darle pequeños besos tronados, chuparlo con toda mi boca, meter un dedo y la lengua a la vez... Estuve un buen rato jugando con su hoyito, hasta que mi verga dura me pedía que, por piedad, ya lo penetrara.
Lo llevé a la cama y lo puse en cuatro, mi posición favorita. Así podía ver su enorme y musculosa espalda estirada, sus nalgas abiertas, erguidas, magníficas bajo la luz del crepúsculo que entraba por la ventana. Le comí el culo un rato más mientras me quitaba lo último de ropa que me quedaba puesta: el pantalón, el calzón, los calcetines. Ya todo desnudo, le di una buena escupida en el hoyo, otra en mi verga, y así con pura saliva se la empecé a clavar, poco a poco. Primero entró la cabeza, sentí su interior caliente, ansioso de mi verga. Seguí empujando poco a poco, mientras lo jalaba de la cintura hacia mí, con mucho cuidado. Estaba pendiente de sus gestos, de la tensión de sus músculos, de la presión de su esfínter en mi verga. No quería lastimarlo, al contrario: su placer era el mío, y podía verlo en su cara, deseando tenerme todo adentro, hasta el fondo. La punta de mi pito sintió que topaba con algo, entonces el Conde estiró los brazos hacia atrás y jaló mi cadera hacia él, haciendo que mi verga atravesara su segundo esfínter. Ahí me quedé un rato, disfrutando los gemidos de placer del Conde, y luego de unos segundos, me acomodé bien para mi verga terminara de entrar completa. El Conde no pudo evitar dar un salto y un grito, estirar toda su espalda y luego su piel se erizó toda. Ahora sí, me tenía adentro completito.
Comencé a jugar con su culo lentamente. Sacaba y metía la mitad de mi verga, dándole suave y con un ritmo regular. Lo tomaba de la cintura, acariciaba su espalda, que me encanta, y lo jalaba hacia mí para voltearle la cara y darle unos besotes al cabrón mientras le daba por atrás. De ahí lo acosté en la cama boca abajo, con la pierna derecha flexionada, para que la penetración fue más profunda. Así él tirado en la cama yo podía enterrársela hasta el fondo, tan fuerte como yo quisiera, y aproveché que el Conde es todo un macho y aguanta la verga como pocos. Después lo puse de lado y me lo seguí cogiendo, con las piernas dobladitas como en posición fetal mientras lo abrazaba todo y le besaba el cuello, y esa boquita sensual que es irresistible. Un rato más tarde lo puse boca arriba, con sus piernas en mis hombros, mientras le lamía las patas lo penetraba ya más profundamente, sacando mi verga completa y volviéndola a enterrar hasta el fondo, variando los ritmos: de pronto muy fuerte, salvaje, como perro rabioso, y luego más lento, rítmico, juguetón, cariñoso con besos y caricias... Me encanta alternar entre esos dos extremos, pero me encanta más que al Conde también le fascina que me lo coja así.
Todavía sin sacarle la verga del culo, me lo eché encima y yo me acosté en la cama, para que él pudiera brincar y clavarse a gusto. Eso me encanta que coger con el Conde: como da clases de pilates, es súper aguantador y flexible, así que podemos coger por horas y de todas las maneras que se nos ocurran. Así que empezó a brincar, uff, me encanta verlo encima de así con esa cara de éxtasis. Yo le acariciaba el pecho, los pezones, el cuello, la cara, la cintura, las nalgas. También haciendo fuerza con mis glúteos yo lo empujaba hacia arriba y él hacia abajo, mientras le abría las nalgas con mis manos, para lograr penetraciones más intensas y profundas. Lo tomaba de la cintura para sostener su peso y poderle dar todavía más duro. En ningún momento se rajó: me dejó hacerle todo lo que se me antojó, con la fuerza que quise, en la posición que me dio la gana, hasta que me ya no pude más. Quise hacer una pausa, pero no lo logramos: en menos de 10 segundos ya estaba yo chupándole el culo de nuevo.
Le pedí que se sentara en mi cara y de inmediato la cachó y se puso a mamarme la verga. Hasta ahora no lo había hecho, así que me sorprendió gratamente que se la pudiera comer toda a fondo. Estábamos fascinados, él comiéndose mi verga, yo chupándole el culito ya abierto y batido con saliva y fluidos, sabía delicioso. Un rato después lo hinqué, de espaldas a mí, me puse detrás, también hincado en la cama, y se la clavé, esta vez sí de una, aprovechando que ya estaba bien abierto, y mi verga y su culo ensalivados. Rebotando en la cama, él brincaba y yo también, al mismo ritmo, haciendo la penetración deliciosa, profunda, explosiva... En esa posición comprobé que nuestra química sexual es única, incomparable. Podía sentir su pecho peludo, su cintura, sus nalgas paradas, su culo gigantesco abierto, recibiendo mi verga completa, tas, tas, tas, sonaba en cada golpe a fondo.
Sin detener el ritmo de las penetraciones, me fui levantando poco a poco, lo volví a poner en cuatro y me monté encima de él, en cuclillas, empujando mi cadera con las puras piernas. Por el ángulo en esa posición se logra una estocada profunda y a veces algo dolorosa para el pasivo, pero sumamente placentera para el activo. Lo agarré de la cintura y usando todo el aliento que me quedaba lo jalé salvajemente hacia mí, él no pudo evitar gemir, gritar, me acerqué a su oído y le susurré, "Te voy a dar leche papi", respondió "sí, dámela toda hasta el fondo"... Así que le di las últimas estocadas, más duras, más violentas, más profundas, hasta que sentí que mi leche salió disparada con fuerza de mis huevos, inundándole el fondo del culo, que palpitaba de placer. Mi verga echó cinco o seis chorros calientes de semen antes de aplacarse. Ambos quedamos exhaustos, tardé unos minutos en sacársela y cuando lo hice, todavía estaba un poco duro, y el Conde escurría del culo lleno de leche...
¡Y ese fue el primer palo! Estuvimos toda la tarde, coge y coge, fume y fume mota, escuchando música, cotorreando y haciendo toda clase de puercadas: cogimos en la ventana, en el sofá, de pie, de lado, por arriba y por abajo, en todas las posiciones que se nos ocurrieron. Me encanta coger así, qué suerte poder encontrar amantes a quienes les guste el mismo tipo de morbo que yo, más o menos el mismo cotorreo. Me la pasé delicioso con él esa primera tarde. Esa semana volví dos veces más, aprovechando que tuvo casa sola, y más o menos fue la misma dinámica. Desde el primer encuentro me dijo que era inter, y lo noté cuando me quiso chupar el culo y disfrutaba mucho cuando yo le mamaba la verga y los huevos. Por cierto, una vergota y unos huevotes que se carga el cabrón. Pero en estos primeros encuentros, solo fui activo.
Cuando su vato volvió de vacaciones nos pasaron cosas, supongo, y nos distanciamos un par de meses. Pero hace algunas semanas, antes de acabar el año, retomamos el contacto y volvimos a coger, esta vez en un hotel, cerca del metro Revolución. Y ahora sí me convenció de que la hiciera de pasivo, así que las sesiones se pusieron mucho más intensas...
Deja un comentario si quieres que haga la segunda parte de este relato donde el Conde y yo fuimos inter, y nos dimos uno al otro y otro al uno en un cuarto de hotel, bien mariguanos.

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