Mi vecino Carlitos
Me dice el Oso, Te habla tu amigo, y yo, incrédulo, me paro de la cama de un brinco, me pongo unos shorts y abro la puerta. Ahí está el Charly, con su cuerpecito escurrido, su barriga prominente, su carita tierna y sus ojos emocionados, Carnal, me dice, la neta vine porque usted me dijo que cuando hubiera mota de la regular le viniera a avisar, y ahorita hay, me van a traer. Primero le dije que me trajera 3 bolsitas a $150 pesos. Pero se la estaban haciendo de emoción así que le dije, Sabes qué, dile que te traiga 10 bolsitas, ahí tengo $500 varos, hay que aprovechar como dices. El vato todo emocionado logró armar el negocio con su teléfono, todo por Facebook, en corto.
Ya le traía ganas, desde que nos cortó el árbol la primera vez que lo vi, cuando le pedí que me consiguiera mota, y me dio un tour por todos los puntos del barrio. Otro día me llevó hasta la Juárez en el carro para conseguir, cuando yo habría podido comprar lo mismo en el dispensario que ya conozco, pero bueno, le di una paseada a él y a sus cuates. Aunque sea salieron a la Juárez.
La última vez que vino, me insinuó que si lo dejaba quedarse en mi casa, seguramente tenía ganas de que se la chupara pero no sabía cómo decirme. Me lanzaba indirectas, me decía La neta no quiero clavarme en el cantón pero no hay dónde caerle, ese tipo de cosas. Esta vez comenzó preguntando, Y qué le gusta hacer, así todo inocentón, según él, me daba mucha ternura, y le respondí, De todo, y a ti, A mí no de todo, pero sí algunas cosas.
En una de esas se animó, A mí me gusta machín que me la mamen, soltó. Y pues aproveché la entrada, No me digas, pues jalo, sácatela. Estábamos debajo de una estructura con techo, afuera de un local, al lado del gimnasio donde vive, cubriéndonos de la lluvia. A la vuelta había un pequeño lavadero con una llave, ahí me puse en cuclillas y el Charly por fin se la sacó. La tenía caliente, gorda, bastante grande, tal y como me lo imaginaba.
Se ponía nervioso de que alguien nos viera así que iba y venía para vigilar. Hasta que me dijo, Ya vienen cerca, y nos regresamos debajo del techo. Llegaron sus cuates, se hizo la transacción y venimos al carro. Ahí contamos bien las bolsitas, eran once. Le di la que sobró, y me dijo, Ahí en el carro no se puede. A huevo que se puede, abrí la puerta y se metió. La luz tardó un poco en apagarse. Se la sacó y se la seguí chupando.
Al parecer le gustaba. Ya me la babeaste toda, me decía, todo asqueado, queriendo secarse con algo. Me callaba cuando me ahogaba, Shht, shht, me decía, mientras se le ponía cada vez más dura. Te los vas a tragar o qué, me preguntó. Sí, dame leche, le dije, y se la empezó a jalar. Yo dejé mi lengua muy cerca de su glande, sentía cómo se iba hinchando, hasta que se acomodó, me la hundí en la garganta, pero no llegó al fondo porque metió la mano, ni modo, para la próxima, aún así, estuvo rico, sus mecos saben dulces, salieron bastantes, y él quedó muy complacido.
Como propina le di una bolsita extra de mota y $50 pesos, no me gusta darle dinero porque se lo gasta en cristal, pero bueno, se lo merecía. Le dije, Ven a visitarme, me gusta verte, arre, y él sonrió, medio apenado, Sobres carnal, gracias, sin palabras, muy agradecido, se fue caminando bajo la lluvia, y yo me metí a mi casa, contento y satisfecho con esta primera experiencia.



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