Viernes de morbo en el metro



Pues me tocó ir con el dealer por café, así que me subí al metro. Llevaba calzón, pero me lo bajé, dejando solo la verga contra el pantalón. "A ver qué pasa". Y pues la pasé bien.

Cuando transbordé en Chabacano a la línea 9, en dirección a Tacubaya, venía sentado (obvio en el último vagón, en el último asiento) un chavo de ojos pispiretos, cubierto el rostro por un gran cubrebocas negro. Su mochila en el asiento de al lado, y alguien más en el tercer lugar de ese bloque, otro chavo moreno con una gorra y cubrebocas azul, de los normales, que temblaba como de un tic nervioso o algo así. Yo iba de pie en la esquina contraria del vagón, y me acariciaba para ambos mi pito semi duro. Cuando llegamos a Lázaro Cárdenas y se bajó un fulano que estaba enfrente, el chavo del cubrebocas negro quitó su mochila para que yo me sentara. Ya me iba a meter mano, pero le gané, me bajé el cierre y me saqué la verga, ya casi completamente dura. El chavo, maravillado, me la empezó a jalar. El espectador de enfrente pelaba los ojos grandes, y temblaba más fuerte. Lástima que a la estación siguiente me tuve que bajar. Le susurré al oído "Qué rico, cabrón", le di unas palmaditas en su huesuda rodilla, y me bajó del vagón sin mirar atrás.

Llegué con el dealer. Estaba solo. Cerró la puerta de su cuarto y me trató de seducir. La verdad no me resistí mucho. Es un güerito, fornido, un poco más chaparro que yo, pero todo bien, muy durito. Le bajé el pantalón y se la empecé a mamar. Poco a poco se le fue poniendo dura. Le gusta meterla hasta mi garganta y darle duro hasta que yo me quito. Lo hizo varias veces y me hizo levantarme. Me gusta que para coger es rudo, pero luego le falta creatividad a la hora de estar penetrando. Me puso en cuatro en el borde de la cama, ni siquiera me quité los pantalones ni los zapatos. Se ensalivó la verga e hizo otra cosa que le gusta, que es meterla de un solo golpe hasta el fondo. Pero como yo no suelo ser pasivo, cuando lo hizo no pude resistir y me salí unos segundos. Ya que hube asimilado el dolor, lo intentó de nuevo y fue mucho más fácil. Pronto me tuve bien abierto, limándome el culo todo lo que quiso en esa misma posición. En algún momento comenzó a sacarla toda, y luego meterla de un golpe hasta el fondo. Eso se sentía rico, y en esas estábamos, cuando el timbre sonó. Era Guillo, o algo así. Interrumpimos, nos pusimos la ropa bien, me dio mi producto y me fui corriendo de regreso a casa.

De regreso en la línea 9 no tuve nada de acción, hasta que cambién en Chabacano a la 8, dirección Constitución. Había un chico de ojos lindos que se subió igual en Chabacano y se puso en la esquina, del lado de la puerta, así que me quedé enfrente de él, pegado a los asientos. Nos echábamos miraditas, así que empecé a agarrarme el paquete por encima del pantalón de mezclilla (ya me había bajado otra vez el calzón). Poco a poco mi verga fue creciendo, y el morrillo del cubrebocas lo notaba... En eso llegamos a Santa Anita. Un chico de lentes y cabello chino, me dijo su nombre más tarde, Alfredo. En cuanto se dio cuenta que yo iba erecto, se quedó en medio de mí y del otro chavito guapito. Y ahí aguantó hasta que la puerta cerró, y entonces comenzó a meter mano, primero por encima del pantalón, pero cuando vio de qué se trataba el asunto, abrió el botón y me sacó toda la verga con todo y huevos. No estaba totalmente dura pero el morro se daba una idea de qué onda, y le brillaban los ojitos. Se dio vuelo jalándomela, y en algún momento me dijo "Te la quiero mamar", pero lo disuadí: Había mucha gente en el vagón, todo mundo se daría cuenta. Así la tuvo en la mano todo el rato mientras avanzábamos por las estaciones, escondiéndola un momento con mi mochila y mi playera cada vez que las puertas se abrían. Ya en Iztacalco, le metí la mano por detrás del pantalón hasta alcanzar su ano, en medio de unas nalguitas redondas y peluditas, deliciosas. Le acaricié un poco el ano con mi dedo, olía delicioso. Nos bajamos en Apatlaco y le di unos besotes de despedida. Me dio su número de teléfono y me hizo prometerle que lo veía la próxima semana. "Ahí vamos viendo", le dije, y subí las escaleras para salir de la estación.

Estuvo divertida la jornada, no me quejo. Cambio y fuera.
👹

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